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lunes, 2 de julio de 2012

Como serían las mujeres si terminamos con los prejuicios (III)



Entre las obras que nos podemos encontrar, tenemos: Dona silenciosa, de Amèlia Riera, que es considerada una obra del pop surrealizante, y no como una escultura de género o feminista. Ana Peters realizó una exposición en la galería Edurne, a mediados de los años sesenta, que tituló Imágenes de la mujer en la sociedad de consumo y, después, desapareció de la escena. Sus obras han sido almacenadas. “Algunas artistas han hecho un descubrimiento de su propia obra de los años setenta a la luz de esta investigación, como Marisa González con su serie La descarga (1975-1977), sobre la violencia machista”, ha indicado Mayayo, uno de los comisarios de la muestra. En esta exposición, nos encontramos con diversas generaciones que han logrado convivir, dentro de un discurso plástico, lleno de coherencia y que logran aportar obras muy sorprendentes en cada una de las salas. Por ejemplo, la sección titulada “Las otras de la historia” busca recoger documentos de las performances de Paz Muro, en el año 1963 (Las preciosas y Moulin Rouge) y de Fina Miralles, en el año 1967, al lado de los videos de Cristina Lunas y la instalación de Carmen Navarrete, donde se trata la imagen de la mujer como conejillo de indias, dentro del mundo de la medicina.
Foto: fuente

Como serían las mujeres si terminamos con los prejuicios (II)



La exposición se divide en 11 apartados, eso sí, no tenemos un relato lineal o cronológico. Tenemos las obras de un total de 80 artistas españolas, algunas de las cuales han sido recobradas, gracias a dicha Investigación, que han sido desenterradas y hasta revelan cómo, desde los años anteriores a tener lugar la Transición, ya había artistas femeninas que buscaban reclamar derechos o exponiendo algunas situaciones de discriminación. “Las artistas feministas irrumpen en los años noventa con las modas anglosajonas. En esta exposición hemos querido romper ese mito” ha confirmado Mayayo. “En pleno franquismo ya había un protofeminismo que denunciaba las injusticias contra la condición femenina y una mirada hacia la división sexual del trabajo”, continua Aliaga. “En los años setenta, en Cataluña, estas obras fueron leídas como conceptualismo y durante la Transición fueron olvidadas. En los años ochenta, con la glorificación del mercado en torno a la feria Arco, tampoco se les dio un lugar relevante”. Así, nos encontramos con piezas de Esther Boix, María Antonia Dans, Castorina o Carmen Calvo, realizados en los años sesenta, donde se busca reflejar el papel de la mujer, dentro del mundo del trabajo. Otras obras, que nos podemos encontrar, de los años setenta, fueron olvidadas y, ahora, se recuperan.
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Como serían las mujeres si terminamos con los prejuicios



Una de las piezas de Pilar Albarracín, que podemos ver en la exposición Genealogías feministas en el arte español 1960- 2010, en el Musac, en la ciudad de León, nos dice “Fea, eres fea, ja ja ja ja… ¡Pero que muuuy fea!” , dice una voz burlona de mujer, desde un espejo, a través de unos altavoces laterales. Una obra que busca quitar hierro a un tema que es tratado, de manera habitual, con el frío rigor de la militancia, que es la tiranía del mundo de la belleza. Es un tema serio, el feminismo o la visión de las mujeres artistas, no tiene que ser, siempre, abordado, desde un rictus feroz o dolido. Aunque, no debemos olvidarnos que los hay. Y, por supuesto, con mucho sentido. Juan Vicente Aliaga y Patricia Mayayo, que son los comisarios de esta ambiciosa exposición, busca indagar en la visión que han venido dando las mujeres artistas españolas, de ellas mismas y de los problemas a los que se ha tenido – y, todavía, hoy en día, se debe hacer frente, en busca de una afirmación, de manera personal, muy lejos de los prejuicios que siempre han existido alrededor del hecho de ser mujer y su situación, dentro de la sociedad en la que vivimos.
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